martes, 7 de febrero de 2012

Simple juego



Simple Juego - Prólogo.

Me llamo Laura, nací en la ciudad de Santiago, en Chile, tengo 18 años y estoy en primer año de Medicina, al leer esta primera línea te preguntarás, ¿Qué tiene que ver ésto con el tema principal del escrito?, ó ¿Cómo una persona como tú puede interesarse en un deporte así? Debe ser un hobbie, bueno, al principio lo fue. No quiero que pierdas tiempo leyendo estas frases sin antes saber cómo ocurrió todo, el contarte un poco de mi pasado sería correcto, si es que estás dispuesto a leerlo.

Fue algo que iba contra las convicciones de mi madre, no exactamente porque lo considerara incorrecto, es que simplemente a ella no le importaba ni le llamaba la atención aquel loco afán mío por un deporte al cual ella calificaba "aburrido", además, le preocupaba que me lesionara nuevamente, cabe mencionar que hace unos años tuve una lesión importante; una ruptura de meniscos en mi pierna izquierda, y como siempre, mi preocupada y a ratos exagerada madre me privaba de cosas a las cuales no podía renunciar tan fácilmente.

Dos años antes de...

Ella estaba muy sensible, había pasado por una situación difícil con mi padre, él le había sido infiel con una mujer a la cual había conocido cuando era joven, un tonto capricho tal vez, no culpo en gran parte a ese hombre, fue y es un excelente padre conmigo y mi hermana menor, lo que sí dolía y superaba mi gran barrera de frialdad que construí a lo largo de mis años era verla sufrir tanto, nunca dejó su dignidad, seguía asistiendo a su trabajo y hacía lo posible para conseguir la verdad y que ésta dejara de carcomer su corazón, pero al llegar la noche la puerta se abría dejando ver a una persona cansada, no sólo física, sino psicológicamente. Siempre fue estresante su trabajo, estar en una oficina controlando todo, sobre todo en este tiempo, el cual no tenía muchos compañeros para contar con que todo saliera bien en su empresa.

Papá venía en el día, trataba de no encontrarse con mamá para no armar peleas, siempre que ellos intentaban "hablar" el ambiente se ponía denso y los gritos no tardaban en llegar. Era un hecho el que mi hermana y yo estuviésemos acostumbradas a esta rutina.

Sin embargo, mamá luego de un tiempo conoció a otra persona, Rodrigo, mi actual padrastro, él tenía 3 hijos; dos mujeres y un hombre. La mayor estaba en el extranjero estudiando turismo y lenguas. El que seguía se llamaba Sebastián, tenía dos años más que yo, por tanto se nos fue fácil entablar una buena relación, cuando yo aún no nacía mis padres deseaban tener un varón, pero el parto fue decepcionante para la familia; Nicolás, que era como querían llamarle, murió antes que mi madre llegara a los 7 meses de embarazo, cuando ellos me contaban esta historia se me apretaba el pecho, siempre quise tener un hermano mayor. El que yo fuera la mayor me llenaba de preocupaciones, por un lado me gustaba sentir cierto poder por encima de mi hermana, pero por otra parte, debía velar por el bienestar de ella y ser la mujer del hogar cuando mamá trabajaba y mi padre no podía asistir a nuestra casa. Siguiendo con mis hermanastros, la menor se llamaba Romina, tenía la misma edad de mi hermana Catherinne, ambas compartían gustos en común y eso tenía a mi madre con un gran alivio por ambas.

A los meses nos cambiamos de casa, a una con más espacio y más habitaciones, Rodrigo era un tipo muy importante en su trabajo, por tanto consentía mucho a sus hijos, por mi parte, no estaba acostumbrada a tanto "lujo". Papá nos iba a visitar los fines de semana, a veces salíamos a un parque o a almorzar por ahí, mi mamá sabía que la conexión con él no se debía cortar tan brusco, por mucho que ella ya había dado vuelta la página de ese episodio.

Sebastián era uno de los únicos que entendía mi verdadera pasión por el Tenis, él me acompañaba las madrugadas en las cuales yo esperaba ansiosa algún Grand Slam. Muchas veces las profesoras me regañaban porque no ponía atención en clases o caía dormida en los bancos, pero para mi madre no era relevante, siempre tuve buenas calificaciones y se mantenía al margen de mis "obsesiones" tenísticas, eso sí, le preocupaba que mi salud estuviera en riesgo por los días que no dormía nada. Pero siempre le respondía con un "Los Grand Slam no son todos los días, ¡Por favor, sólo es una semana!" Y ella cedía finalmente, con ayuda de Rodrigo, mi padrastro. Él era muy gentil conmigo y fue él quien me compró mi primera raqueta a los 16 años, a veces me sentía un poco culpable por hacerlo gastar dinero en pelotas de tenis, raquetas, buzos o muñequeras, porque al fin y al cabo, yo no era su hija. No obstante, él siempre sonreía y me decía "El dinero es para gastarlo con las personas que quieres, si puedo ayudar a tu madre y a ustedes, lo haré". Eso me tranquilizaba por el momento, pero aún insistía en no pedirle cosas. Cuando él salía conmigo y los demás, me veía pegada en las tiendas deportivas y me invitaba a entrar, yo tímidamente le hacía caso y comenzaba a probar raquetas, cuando él notaba que una era mi favorita, sólo se dirigía a la caja y llamaba a un vendedor para que metieran el artefacto a una bolsa y él pasaba su tarjeta por una pequeña máquina al lado de la caja registradora de la tienda. Ambos salíamos de la tienda y yo levantaba de forma insegura mi cabeza y le decía "Gracias". Él sonreía y me despeinaba cariñosamente el cabello.

Primero comencé a jugar sola con la pared, pues el patio era bastante amplio, corría de un lado a otro sintiéndome como en un torneo en el último set por el campeonato. Muchas veces tuve problemas con los vecinos por las locas pelotas que se escapaban, mamá me decía que no pegara tan fuerte y siempre me regañaba por estar hasta muy tarde jugando, decía "¿Acaso no te cansas?, ¡Ve a dormir, tienes colegio mañana! ¡Cuidado con esa pierna! ¿Quieres lesionarte de nuevo?". Pero a mí no me importaba, jugar Tenis era más que un hobbie, me mantenía feliz, me llenaba.

Sebastián no tenía mucho tiempo para jugar conmigo, porque cuando yo cursaba aún Enseñanza Media él debía estudiar para sus exámenes de la Universidad, además él era un fanático del fútbol, sólo duraba 5 minutos con la raqueta y se aburría. Lo mismo pasaba con Rodrigo, aunque él me apoyaba y comprara todo lo que necesitara, nunca tenía tiempo, iba con su celular a todos lados, siempre lo veía con su uniforme y con un audífono en la oreja, parecía que hablara solo, pero estaba ajustando cuentas con los demás empleados.

Al final, era la única que amaba el Tenis en la familia, cuando tenía la oportunidad le rogaba a mi madre que me inscribiera en una escuela, pero ella se negaba, decía que sólo traería complicaciones de horario, cansancio y sería una pérdida de dinero. Ella verdaderamente no entendía nada.

Cada año la empresa de mi mamá le otorgaba cierta cifra de dinero a los estudiantes hijos de empleados que cursaran Enseñanza Media y tuvieran un buen promedio, siempre intentaba mantenerme ahí, sobre todo en los últimos años para poder costearme una escuela de Tenis, pero obviamente mi madre no podía saber de mis planes deportivos.

Pero no duró por mucho mi secreto, era de esperar que sospecharan de los días en los cuales llegaba tarde a casa, o los enormes bolsos que llevaba a la "universidad", tanto así que un día me descubrieron, en la escuela me habían entregado un volante y éste llegó a manos de la familia. Mi madre empezó con lo de siempre, decía que el dinero que me otorgaba la empresa debía ocuparlo en otra cosa que no acabara con mi bienestar físico, pero Rodrigo mantuvo silencio por unos minutos, miró el volante y antes de hablar tomó una bocanada de aire.

- ¿Cómo puedes estar asistiendo aquí? -dijo firme.

Me sentí avergonzada en ese momento, de mi madre esperaba todo tipo de regaño, pero Rodrigo nunca me había hablado de esa forma. Mamá lo miró como agradeciendo el apoyo que le había brindado.

- ¿Por qué no me dijiste que querías entrar a una escuela de Tenis? ¡Conozco muchas que son mejores! -terminó.

Quedé perpleja, al igual que mi mamá, sólo que ella con un grado de decepción, y yo con una tremenda alegría por lo que me acababan de decir.

- ¿Qué? Pero Rodrigo, ella no puede, ella tiene las rodillas resentidas, ¡No puede hacer un deporte que exija tanto! -decía exaltada.

- Yo la veo muy bien, juega todos los días y no recuerdo que se haya quejado de algún dolor...

- ¿Es una broma? -dije poco convencida.

- ¿Qué cosa? -respondió él.

- Digo -me tranquilicé- Usted... me....

- Sólo te la pagaría si me prometes que no será una pérdida de dinero -sonrió.

- ¡Dios! -grité y salté- ¡Muchísimas gracias! Se lo juro que no lo decepcionaré, ¡Entrenaré duro, daré lo mejor de mí!

- Pero debes prometerme algo más... -pronunció.

- ¿Qué cosa?

- Que no dejarás tus estudios de Medicina, recuerda que el Tenis es tan sólo un pasatiempo y debes tener los pies sobre la tierra, debes estudiar algo que te dé para vivir.

- Es...tá.... bien -finalicé con poca convicción.


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Y ahora me encuentro aquí, con 18 años, siguiendo con mis estudios pero sin dejar de lado el deporte que me apasiona, voy siempre que puedo a entrenar, gracias a Rodrigo tengo horario libre, cuando tenía 16 años entré a categoría principiantes, pero el entrenador me subió a Avanzados, su nombre es Frank Gildmster, es un hombre renombrado, ha entrenado a grandes tenistas a lo largo de su carrera, es difícil encontrar personas así en Chile, pero me siento afortunada. Frank ha seguido mis pasos desde que entré, siempre que puede me celebra mi suerte de nacer zurda, muchas veces me compara con grandes tenistas mujeres que juegan profesionalmente, y varias ocasiones me ha insistido en que me dedique a esto por el resto de mi vida. Pero tengo una promesa, y ésta no debe romperse.

Llevo 2 años con este ritmo, ya estoy bastante acostumbrada y me siento muy a gusto con todas las personas que hay aquí, incluso me he hecho amigos; Una se llama Stephanie, tiene mi misma edad y siempre que jugamos un partido se queja por mis saques demasiado fuertes, una vez casi me mata por darle con la pelota en el brazo, ella me dijo que estaba todo bien, pero luego se desquitó y me golpeó con su raqueta a modo de jugueteo infantil.

También está Antonio, él es un poco más grande, al principio sentía que me odiaba, me miraba siempre con recelo como queriendo desafiarme, pero ésto duró hasta que a Frank se le ocurrió la maravillosa idea de tener un partido entre él y yo, y para mi sorpresa, gané yo. Desde ese entonces, Antonio dice que me tiene mucho respeto y comenzó a conocerme mejor, hoy en día somos inseparables junto con Stephanie.




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